A finales del 97, en plena fiebre jurásica, llegaba a nuestras consolas de 32 bits la adaptación videojueguil de The Lost World: Jurassic Park. Un título que pese a tener sus luces y sus sombras, me mantuvo muchas horas pegado a la pantalla.
A finales del 97, en plena fiebre jurásica, llegaba a nuestras consolas de 32 bits la adaptación videojueguil de The Lost World: Jurassic Park. Un título que pese a tener sus luces y sus sombras, me mantuvo muchas horas pegado a la pantalla.